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Sergio Arturo Castagnè Potey

Breve semblanza del viejo San Rafael Veracruz

Sergio Arturo Castagnè Potey

(Recuerdo de mi niñez)

Nuestra historia comienza en el tiempo en que mi pueblo de san Rafael, del estado de Veracruz Llave, se consideraba una gran familia, todo mundo se conocía con todos, se respiraba en las familias una gran armonía, el que esto escribe, hijo de Don Camilo J. Castagne Delòn y de la Sra. Rosa Potey de Castagnè, segundo de la dinastía en la cual mi sr. Padre era la cabeza y el gran ejemplo para nosotros, mi hermano Oscar, mi primo Miguel y mi primo Armando, en esa época mi padre se dedicaba al campo, a la carpintería y a otros oficios mas, tenia también embarcaciones para navegar por el río Nautla en cuya ribera se asentaba nuestro pueblo, por esa vía se transportaban toda clase de productos de la región, se recibían víveres y otras mercaderías que llegaban por vía marítima, única comunicación con el exterior a excepción del caballo o a pie, muchos habitantes de san Rafael conocieron primero el puerto de Veracruz, que la cabecera municipal de Martínez de la torre, según las versiones de los mayores, para ir a la capital de la republica con toda la familia era necesario ir a Veracruz por barco y de ahí tomar el ferrocarril interoceánico hacia la CD. De México, lo cual tomaba dos o tres días, o bien montar a caballo por otros tantos días para llegar a la CD. De Xalapa o a Teziutlan pué. Para poder abordar un transporte terrestre hacia el destino elegido, lo cual era muy engorroso para viajar con familia.

Fue en esos años, fines de los treintas y principios de los cuarentas, cuando siendo yo muy chico, disfrute de una infancia feliz, inquieto por naturaleza y dada la gran estima que las gentes sentían por mis padres, empecé a interesarme por el diario acontecer pues además de ir a la escuela desde los Cinco años, en la mente de niño se graban algunos acontecimientos y anécdotas, unos felices y otros tristes, lo mismo se comentaba algún deceso de algún vecino que el feliz arribo de un bebe.

En nuestro pueblo nos ufanábamos de conocer a todas y cada una de las familias que habitaban en la congregación amen de la ubicación de sus domicilios, pues en realidad no éramos muchos habitantes se conocía al tendero, al panadero, al señor que vendía carne en un caballo de casa en casa y así podíamos dar santo y seña del acontecer diario.

En medio de gran respeto hacia las personas de edad madura y sobre todo a las damas, pues mi señor padre nos enseño con su ejemplo a respetar a la mujer sea cual fuere su posición social o económica, en esa época del ambiente sano que cuando nuestros padres o alguna persona mayor nos daba una orden, nos daba una indicación o nos pedía un favor se obedecía sin rechistar, por que si no era así, en casa nos llamaban fuertemente la tensión.

Todos los niños que asistimos a la escuela, al regresar a casa por la tarde, por que en esa época se asistía a la escuela por mañana y tarde, había que hacer la tarea, y los apuntes, con plumilla y manguillo pues no teníamos plumas fuentes, ni se conocían los bolígrafos, para los años mas adelantados, los lápices de colores, cuadernos y demás Material, era traído de afuera, a veces mi papá salía de viaje a la CD. De Xalapa o a otra población, por que eh de aclarar que entre los múltiples oficios que tenia mi padre, era también escribano publico y conocedor de leyes, compraba varios útiles escolares para tener de reserva, se nos pedían un lápiz nos debía durar por lo menos una semana, todo el material de apuntes para estudiar lo dictaba el maestro, pues a veces era el único que tenia un libro de texto y cuando los educandos tenían la necesidad de comprar un libro o algún material que no se conseguía, se hacia una lista en toda la escuela, cada cual en s grado y se pedía por correo cual tardaba hasta quince días en llegar, o bien si algún maestro o padre de familia iba a la capital del estado, se reunía dinero y ellos hacían el favor de traerlos, era obligación de cuidarlos celosamente, que en mi caso no se daba muy a menudo y es que en muchas familias debían servir para los hermanos mas chicos o para otros niños de grados inferiores que no pudieran comprarlos.

En mi pueblo no había luz eléctrica, ni drenaje, ni agua potable, todo el mundo se alumbraba con lámparas de petróleo, gasolina y en algunos casos con unos aparatos de petróleo llamados candiles o chivos, se contaba con letrinas y cada casa tenia un pozo, con ese alumbrado se hacían las tareas de la escuela y debían quedar perfectamente limpias, pues si tenia una sola mancha se tenia que repetir el trabajo aunado esto al correctivo que impusiera el profesor, cuando se cometía una falta grave en el salón de clases o recreos, el maestro enviaba con uno mismo un recado a los padres para que ellos aplicaran el castigo merecido. Además de los deberes de la escuela, había ciertas tareas que desempeñar en casa, como ayudar a mamá a la limpieza de la casa, cooperar con el arreglo de los animales domésticos y nos dábamos tiempo para ir de pesca, a tirar con la resortera o a jugar canicas o trompo, balero, etc. o también irse a bañar al río en las tardes de verano, siempre y cuando se hubiera cumplido con la escuela y la casa, cosa que a menudo no ocurría, cuando mas tiempo había era los sábados y domingos, pues los días de clases se entraba a la escuela a las nueve y se salía a comer a las doce y media, volvíamos a las tres y salíamos a las cinco, siempre y cuando no hubiera castigo de por medio. En ese entonces el maestro era para nosotros un ser superior, bondadoso, bien preparado académica y socialmente, al cual podíamos acudir para aclarar cualquier duda de la escuela o del ámbito familiar o no nada más los alumnos, sino que muchas personas mayores que acudían en busca del consejo. Eran tan dedicadamente bondadosos y cumplidos los profes, como todo mundo los llamaba, que después de lidiar con esa Pléyada de rapaces, se daban tiempo para enseñar a leer y a escribir en las noches a personas adultas y eran parte activa del acontecer de nuestro pueblo querido, eran unos verdaderos apóstoles de la enseñanza. Por esa época era director de la escuela primaria superior “Ignacio Ramírez” el profesor Gilbon y colaboraban con la profesora Elvia Acevedo y los maestros Faustino Bello, Bismark Animas, Rodolfo Mejia, su hermano Emilio, Raúl Al Fonseca, Consuelo García, Eduardo Gómez Bretón y la decana de todos, ilustre maestra la profesora Emilia Perales de Meunier, quien enseño las primeras letras durante cuarenta años, esa maestra tenia la particularidad de haberse adelantado al método de enseñanza, pues nos ilustraba con carteles los animales y las plantas, nos llevaba al campo para Mostrarnos los gusanos, las flores y como se ordeñaba una vaca, en fin era una clase amena y divertida, mujer de gran paciencia teniendo en cuenta que Éramos noventa niños en primer año, debiendo aclarar que muchos niños venían de poblados aledaños.

Como dije antes en mi relato, nuestro pueblo era pequeño y todas sus casa estaban en una sola calle paralela al río, había casasen ambos lados de la calle, voy a tratar de enumerar casa por casa, el domicilio de cada una de las familias que componían el núcleo del pueblo pues muchos vivíamos en ranchitos pequeños. Comenzando de sur a norte, es decir siguiendo la corriente del río, se encontraba el rancho de Don Rene Belin y hermanos, donde cultivaban cacao, después los hermanos Capitaine Pablo y Roberto, enseguida, Hipólito Guichard, Agustín Bujan, Pablo Poisot, y en la parte de la orilla del río vivían los trabajadores de los Capitaine, después pasando a la rivera del río estaba la carnicería de Francisco Polo, luego, Esther Polo, el hotel Collinot, las bodegas de Remigio de la Hoz, padre de los únicos triates nacidos en mi pueblo en esa época y vivía detrás de la escuela, enfrente estaba el billar y la cárcel, el parque estaba arbolado y tenia un quiosco, junto a las bodegas estaba la tienda la surtidora propiedad de Armando Thomas, junto estaba un puerto donde cargaban y descargaban los barcos y barcas que traían varias mercancías y cargaban maíz, junto estaba el changarro de el güero José Ruiz, Braulio Vega, Nadin David, Natalia Ayala, Carmen Ayala, la ferretería la sirenita de Delfino Cosio, la peluquería de Eleodoro Hernández y Cieto Pérez, la sastrería de Luís Santes, luego Ángel Hermida, Rufina Ortega, Manuel Muñoz, de la bodega Guillermo de la Hoz, la fonda de Celerina Ramírez, la carnicería de Enedino Herrera, después las caballerizas del quinto regimiento de caballería y ahí terminaban las casas de la ribera.

Ahora empecemos con las casas de la parte contraria de la calle a partir de la embotelladora de refrescos de los hermanos Pérez Ouilhe, hijos de la tía Gina, como todos le llamaban con cariño y de un español llamado Miguel Pérez García, después de la casa de Enrique Maasberg, Juan Islas, Abel Carcomo, donde había un enorme árbol de mangos, de ahí partía un callejón donde estaba el taller de Braulio el carrocero fabricante de carreteras, luego La casa de Eloisa gas vda. De Maasberg, el Dr. Manuel Gorozpe, el Dr. Miguel Medina, Emilio Gas y la farmacia de Gaspar Gómez, este callejón era una privada y a la salida de esta contra esquina del mango, estaba la tienda de Mauricio Belin llamada la económica, enseguida el sastre Raúl Paredes, la profesora Judith palacios de Córdoba, Adrián Belin, la carpintería de un sr. A quien le decían el Chino, seguía Alfredo Theurel, ahí se instalo un estudio fotográfico a cargo de su hija consuelo, seguía Ramón Delòn y teresita su hija, que atendía la primera caseta telefónica Ericsson para larga distancia, por que antes de esto existía el telégrafo y un servicio de esta clase propiedad del estado pero era muy deficiente y estaba a cargo de Margarita Meunier Briones, este estaba situado en otro lugar q después mencionaré.

Luego de la casa de Delòn, estaba una tienda de Alfredo Melchor llamada “La Mía” ahí mataban cochino, vendían carne y longaniza, enseguida una tienda de telas de un árabe llamado José Bojalil, la peluquería de Tino Sedeño, enseguida el cuartel del quinto regimiento de caballería, para habilitar dicho cuartel utilizaron los murallones de una vieja iglesia que derrumbó el huracán de 1914, según dicho de los viejos de esa época, detrás del cuartel vivían varias familias, la mamá de Pedro Morgado y su hermano pablo, Beatriz Barrios, Maria Villegas, junto a los militares estaba la botica de José Ma. Pedrero, y su hermano Asterio, españoles ambos, luego Salvador Delòn, Ismael Maitret, Simplicio Torres, después la única sala de cine llamado “Cine Acuña” propiedad de Celso Vaillard, luego Maria Reigne, el almacén de telas de Pedro Blanco denominado “La Norma”.

Luego un gran jardín frente a la casa de Saúl Meunier y en la parte de atrás vivían Cleto Pérez, Jesús Camacho, Nacho Medel, América y Roque Foglia, Evaristo Martínez, fabricante de las mejores nieves de la región, junto a la casa de Meunier había una calle y al otro lado de esta, vivía Amado Thomas, esta fue bodega y tienda de un francés llamado Juan Grass, enseguida Gilberto Herrera, frente a su casa había un gran árbol de almendras y junto partía un callejón que servia para ir al panteón y a un rancho llamado la Puntilla Chica donde vivían Alfredo y Claudio Couturier que eran primos, ala vera de esa calleja vivía Guadalupe Briones de Meunier, donde estaba instalado el antes mencionado teléfono del estado, este relato data de antes de la llegada de la carretera a San Rafael. Nuestra familia vivía fuera del poblado, pues la zona urbana terminaba prácticamente a la altura de la embotelladora de los Pérez, las gentes vivían en pequeños ranchos, así enseguida de los “gaseoseros” así se les conocía a los Pérez, vivía su hermano José, enseguida seguía la agencia de correos a cargo de la sra. Emma Sosa Vda. De Vaillard, luego vivía la Sra. Esther Salgado de Ouilhe, en el mismo terreno estaba la casa y tienda del Sr. Domingo Pescador S. ahí penetraba un callejón donde vivía la Sra. Odette Theurel, Honorato Irisson y al fondo el Sr. Javier Pescador y sus hermanas, siguiendo la rivera estaba la casa de la Sra. Juana Gas tome, quien tenia frente a su casa un gran jardín, luego vivía el Sr. Luciano Maasberg y su tío el Sr. Antonio Gas, que era el que fabricaba el pan francés, enseguida estaba la casa del Sr. Camilo Juan Castagne, mi Sr. Padre, donde vivíamos en compañía de mi familia, enseguida vivía un sastre, el Sr. Alfredo Valdez, padre de uno de mis amigos de la niñez, luego vivía el Sr. Gabriel Carballo, Leopoldo Espino, Teresa Sordel, Demetrio Aguilar, Dionisio Pérez, Polo Aguilar, Doña Lupe y su hija Aurelia, en esta casa recibían a los maestros para comer como abonados, y como los profesores se hospedaban en mi casa, les quedaba muy cerca y además guisaban muy sabroso, en ese mismo rancho vivían Antonio Denis, su Papá a quien llamaban cariñosamente “Tatita”; Federico Domínguez, enseguida la casa del Sr. Luís Vaillard, y su vecino el Sr. Antonio Islas esposo de doña Ma. Morin, que se desempeñaba como partera empírica, fue la que nos ayudó a venir al mundo a la mayoría de nosotros, enseguida estaba la de un Sr. Que le llamaban Juan el músico y luego el Sr. Chelo Valdez, enfrente estaba el rancho del sr. Arturo Castagne hermano de mi padre, en los ranchos siguientes habitaba la Sra. Rafaela de la Calleja, Ignacio Salvador, Julio Maitret y remataba la colonia con las familias Canciene Rouseel, como se verá no éramos muchos habitantes, por cierto los Sres. Maitret fueron los primeros en tener automóvil en San Rafael.

Era una época feliz, sin muchas preocupaciones por parte de la gente menuda, era un pueblo pacifico y tranquilo, el único pero, era que las familias acostumbraban a visitarse seguido y para nosotros los chicos esas reuniones eran extremadamente aburridas, pues había que guardar gran compostura y portarse a la altura, de no hacerlo, la reprimida era fenomenal. Para nosotros era un día de fiesta, cuando mi papá anunciaba que íbamos a la playa en su lancha que se llamaba “La Gaviota” y nos daban permiso de invitar algún compinche, como Enrique Maasberg, su primo Jorge, Adolfo Irisson, cuya amistad cultivamos hasta la fecha, hoy todos gente de trabajo y excelentes padres de familia. También nos daba gusto cuando esporádicamente llegaba al pueblo un circo ola feria de juegos mecánicos y nos daban permiso de ir, siempre y cuando no hubiera castigo de pormedio u ocurriese algún deceso de algún conocido, pues había que acompañar al entierro. Recuerdo con alegría la época de vacaciones, después de haber cumplido con las tareas de la escuela y las obligaciones para con la casa, quedábamos chinos libres casi todo el mes de diciembre, que era el periodo de asueto mas largo, pues durante el año escolar, solamente no había clases los días de fiesta nacional, día de las madres, día del maestro, jueves y viernes santo y párale de contar.

A pesar de que éramos piel de judas, nuestros juegos eran carritos hechos en casa, trompos, balero, canicas, casi no se acostumbraban juguetes bélicos, a veces por que no había plata para comprarlos o no se conseguían en la localidad, cuando algún niño estrenaba algún juguete de fabrica, era por que algún pariente llegaba de visita y los traía de regalo, los santos reyes traían juguetes de madera o traían ropa y todo mundo feliz. Recuerdo una tarde después de la comida, se tobaba un descanso y en eso se empezó a oír el ruido de los motores de varios aviones lo cual era raro por esos rumbos, el caso es que empezaron a pasas aeroplanos de diversos tamaños en grupos de ocho y diez, así transcurrió toda la tarde y parte de la noche, y luego nos enteramos por la radio de batería que tenia mi papá y luego por los periódicos, que el presidente de Estados Unidos de América entraba a la segunda guerra mundial, esto daba lugar a los comentarios de la gente mayor, que si el Gral. Patton avanzó, que si esta o aquella nación era conquistada o liberada, que si la invasión de Normandia, así con el correr de los años nos enteramos que Alfonso Couturier Bernot, nacido en nuestro pueblo, había tomado parte en ambas contenidas y que después de finalizada la guerra regresó y aquí vivió sus últimos años.

El “tío Foncho” como cariñosamente se le conocía. Los comentarios mas apasionados eran entre mi tío Enrique Potey y Don Antonio Gas, partidario acérrimo del Gral. Charles De Gaulle, sentados en una banca de Domingo Pescador donde se reunían en las tardes después de las labores, dirigían, arreglaban y terminaban el conflicto bélico de ese momento. Mientras esto ocurría, nosotros seguíamos estudiando y aprendiendo Geografía en el texto escrito por Daniel Delgadillo, la gramática del maestro Bernardo Cepeda Sahún, historia de México y universal del maestro Ramiro Caballero, en la escuela no se hablaba de guerra, de lo cual entendíamos muy poco, lo que realmente nos importaba era ir de pesca o de cacería, hacer a regañadientes la tarea y demás menesteres. Así pasaba el diario acontecer de nuestra congregación, que por este tiempo empezó a tener gran auge la siembra de plátano roatan, que era adquirido por una compañía americana llamada Wimber Co. Y después llegó otra firma la United Fruit y como en esa época no había carreteras se llevaban la fruta por vía marítima, los cosecheros traían por carretas tiradas por bueyes el producto hasta acercarlo a puntos estratégicos cerca del río y de ahí embarcarlo en chalanes y estos lo llevaban mar afuera traídos por un remolcados hasta un enorme barco blanco y en este lo transportaba hacia el extranjero.

En este tiempo el trafico naviero de cabotaje era de mas o menos importancia, pues casi todo lo que llegaba del exterior llegaba por esa vía, y los productos de la región salían por agua, la casa fuentes, importante firma del puerto de Nautla, tenia varias de estas embarcaciones incluyendo los chalanes y remolcadores recuerdo el nombre de varios de ellos como el Arturo, el Valentín, tercero la bonita, el banano, el Nautlita y la lancha que hacia el servicio postal y de pasaje a mando de Baldomero Gonzáles, español conocido por su corta estatura y florido vocabulario, y al decir de mis padres, también había otras embarcaciones que se llamaban el Gral. Vela, la Alondra, el Pelayo, el Joven Armando y el mas grande de todos El Tolteca y al decir de los mayores, había unas canoas que venían de Campeche transportando sal en grano y de regreso cargaban maíz, tenían la particularidad de no tener motor, navegaban a pura vela con la fuerza de los vientos y descargaban en las bodegas de Agustín Bujan y en la tienda de Anita Burillon Vda. De Artezan, este establecimiento de encontraba en el pueblo de Jicaltepec y ahí podías adquirir desde artículos de labranza hasta las mas finas telas y encajes de importación, así como afeites y maquillajes. Antes de la llegada de los médicos y farmacéuticos a san Rafael, el único Dr. Disponible vivía en Jicaltepec, se llamaba Miguel Guevara Ortiz y tenia por costumbre hacer un recorrido a caballo diariamente desde esa población hasta un lugar llamado mentidero, así que cuando se necesitara había que esperar a que pasara y llamarle para que atendiera al enfermo en su casa y en esa población cercana había también una botica que fue instalada antes de que en san Rafael hubiera una y era atendida por sus propietarias las Sras. Varido y se llamaban boticas por que había pocas medicinas patentes, casi todos los medicamentos eran preparados, como jarabes, cucharadas y papelillos, que sustituían las grajeas.

A Jicaltepec, ocurría casi toda la población para efectuar sus compras, lógicamente antes de que en San Rafael hubiera almacenes y ahí estaba también la parroquia de la Asunción, también venían provenientes del puerto de Nautla, unos árabes de apellido Neme, los cuales ofrecían sus mercancías de casa en casa, trayendo todo a lomo de caballo para que así las amas de casa no tuvieran que ir hasta la tienda, a nosotros los chicos nos causaba curiosidad su modo de hablar ya que no dominaban bien el español, había una persona también que venia de Naolinco Ver. Con su mula cargada de calzado esencialmente, antes de llegada la carretera, las frutas de tierra fría y cazuelas llegaban a lomo de mula. En el puerto de Nautla era donde residían estos extranjeros algunos árabes y españoles, los Neme, los Name, los Jorge y Valentín Fuente, Luís Ibáñez, José Valbuena y el legendario Baldomero Gonzáles, hombre pintoresco y de florido vocabulario, era de la provincia de Malaga y era encargado de la lancha que transportaba el servicio postal, este hombre cuando se enojaba bañaba a materia fecal a toda la corte celestial y cuando se enfermaba el o su familia prometía velas y mandas a todos los santos. Los chicos de mi barrio, que hasta la fecha son amigos entrañables todos ellos excelentes hombres y padres de familia, que han levantado a sus hijos a base de trabajo y sudor, de los cuales me siento muy honrado de contar son su amistad y como dice la canción del coyote, fuimos juntos a la escuela, por cierto que los hermanos Maasberg padres de mis amigos, fueron de los primeros en tener camiones de carga en el pueblo.

Entre mis recuerdos de niño, esta el de la instalación platanera del río Nautla, en ellas estaba asociado mi padre y la mayor parte de los productores, entre los directivos estaban los Sres. Gabriel Carballo, Mauricio Parizot, Eduardo Domínguez y otras personas que escapan a mi mente y estaba situada en la casa del Sr. Saúl Meunier y nos tocaba de paso hacia la escuela, nosotros salimos a recreo en el parque que estaba enfrente del colegio y en el centro había un quiosco en donde había una refresquería propiedad de don Fausto Aguilera. Por esos tiempos llego al pueblo un Sr. De nacionalidad chilena llamado Ernesto Barria, era padre de un muchacho cuyo nombre era Lautanro, quien fue compañero de nosotros y era parte de los pelafustanes al mando de la profe. Meli.

Así transcurría el diario acontecer de mi pueblo, tranquilo, seguro, sin grandes problemas, celebrando en familia la Navidad y la llegada del Año Nuevo, fecha esperada por la gente menuda por lo de la llegada de los aguinaldos y como tradición se celebraba el 14 de julio, día de la Independencia de Francia, por que eh de aclarar que nuestro pueblo fue fundado por inmigrantes franceses. Cuando abrió el trancito, la carretera federal México-Nautla, empezaron a llegar mas diversiones como corridas de toros, juegos mecánicos, jaripeo, peleas de box y gracias a esta vía de comunicación empezaron a llegar gentes de otras partes, creció el pueblo y se acabó el ambiente de una gran familia. Hoy día es una congregación diez veces más grande y de mayor importancia. Este es el relato de mi niñez, sin pena ni gloria en unión de mis padres, mi hermano oscar, y mis primos Armando y Miguel Castagne.

No es una gran obra literaria, pero esta hecha con mucho amor y dedicatoria para mi esposa y mis excelentes hijos y nietos.

Cariñosamente

Sergio



Sergio Arturo Castagnè Potey : San Rafael, Veracruz